Abogados López y García | EL GRAN ERROR DE LA TRANSICIÓN
21889
post-template-default,single,single-post,postid-21889,single-format-standard,qode-social-login-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,select-theme-ver-4.5,wpb-js-composer js-comp-ver-6.2.0,vc_responsive
 

EL GRAN ERROR DE LA TRANSICIÓN

EL GRAN ERROR DE LA TRANSICIÓN

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL «DIARIORC.COM» RESPECTO A LAS CONSECUENCIAS ACTUALES DE AQUELLA ÉPOCA.

<<

Se imparten muchas conferencias. Catedráticos, y otros, opinan de la Transición. Pues bien, como no podía ser menos, me remito a la figura del desaparecido Antonio García-Trevijano Forte. Por muchos desconocido, y especialmente entre la juventud, fue una figura inquebrantable desde los 16 años de edad contra el franquismo. Siempre se las ingenió para compaginar su trabajo de abogado al tiempo que mantenía contacto permanente con grupos y personas con actividades clandestinas. En 1974 fundó la Junta Democrática de España, que pretendía aglutinar a todas las fuerzas antifranquistas, que se fusionó posteriormente con la Plataforma de Convergencia Democrática, formando un organismo único denominado Coordinación Democrática, conocida popularmente como Platajunta.

El propósito de García-Trevijano, y así se reflejaba en el compromiso firmado por los miembros de la Junta y la Platajunta, era, tras fallecer Franco, llevar a cabo no una reforma ni una transición sino una ruptura con el autoritarismo. Hay que decir que tal propósito fue traicionado por todos los políticos significativos como Fraga, Felipe González, Suárez, Carrillo – es de mencionar que siempre ha declarado su respeto por Gerardo Iglesias así como por Marcelino Camacho, no por su ideología, sino por su honradez– pues la ruptura significaba abrir un periodo constituyente, con libertad política, con el objetivo de alcanzar la democracia real, es decir, separación de poderes en origen y representación vinculante de los diputados, y con la posibilidad de que los españoles pudieran elegir la forma de Estado, y la república tuviera las mismas oportunidades que la monarquía. Trevijano era republicano, pero en el sentido teórico-constitucional, no porque anhelara volver a la II República española, cuya constitución consideraba muy defectuosa.

   Puesto que los hechos discurrieron por otros derroteros se instauró todo lo que en vida Franco había ordenado, esto es, se proclamó rey a D. Juan Carlos, tuvo un importante papel Adolfo Suárez, reciente Ministro-Secretario General del Movimiento, y desde las posiciones de Fraga a las de Carrillo, todos estaban de acuerdo en esta Transición puesto que ello suponía, en mayor o menor proporción, repartirse los poderes del Estado, de ahí que el concepto que definió la Transición fue el consenso para que todo quedara entre los cabezas de partido. De ahí vino el Estado de las autonomías, que concede más competencias que un Estado federal, pero suena mejor el vocablo, que se inventó a fin de contentar a los jefes territoriales de los partidos y conservar o establecer privilegios, con el consiguiente agravio comparativo para el resto de los españoles.

   Por estos motivos y hechos hoy estamos como estamos pues no existen controles efectivos entre poder legislativo y ejecutivo, en el mundo de la Justicia sale muchísimo mejor parado una persona que sustrae un millón de pesetas que otra que cometa varios hurtos de escasa cuantía. Finalmente, el Estado de las autonomías ha producido reinos de taifas, de forma que médicos, funcionarios de todo tipo, profesores, etc, dependiendo de en qué comunidad autónoma vivan, cobran más o menos realizando idéntico trabajo, como igual ocurre con los impuestos que gestionan las autonomías, donde se hace quizá más palmario que los españoles no somos todos iguales ante la ley, como debería ser.

   Según mi humilde criterio, gran parte de estos males se suprimirían con un Estado, al modo de Francia por ejemplo, que respetando la diversa idiosincrasia de las diversas zonas de España, sea el que retribuya económicamente por igual a igual trabajo público, la gestión de todo tipo de asuntos públicos como la sanidad o la enseñanza serían más económicas y coherentes si bien para ello habría de establecerse dos condiciones: una efectiva separación de poderes, de modo que se elige a diputados por distritos uninominales, que respondan únicamente ante sus electores, y sin ningún tipo de obediencia debida a su jefe de partido – como ocurre ahora–; una elección específica y distinta para jefe de Gobierno, organos independientes que supervisen el correcto funcionamiento del aparato estatal y una Justicia independiente sin relación alguna con partidos políticos. Sinceramente, pienso que España iría mucho mejor en todos los sentidos y los españoles serían ciudadanos y no súbditos.

   No puedo terminar sin hacer saber que Antonio García-Trevijano, con el que estuve en dos ocasiones en su casa, a la par que un erudito que ha descubierto y descrito el concepto de libertad colectiva, como persona era entrañable, cariñoso, cercano, sin presunción de ningún tipo. ¡Ojalá hayas disfrutado las milhojas que te llevé!, y descansa en paz>>.

No Comments

Post a Comment